En la mañana de El Megáfono dialogamos con Edgardo Camejo, coordinador de Guardavidas de Canelones, para profundizar en el episodio de vandalismo ocurrido la semana pasada en la costa de Ciudad de la Costa, donde tres casetas fueron atacadas durante la madrugada. El hecho, que pudo haber tenido consecuencias aún más severas, dejó al descubierto carencias estructurales en la vigilancia nocturna y la protección de la infraestructura costera.
Un ataque grave, con un cierre positivo gracias a una cuadrilla incansable
El coordinador destacó el trabajo realizado por la cuadrilla de infraestructura deportiva de la Intendencia, responsable de construir y mantener las 82 casillas distribuidas a lo largo del departamento. “Fue un trabajo en tiempo récord, una proeza laboral tremenda. Con un calor sofocante, el sábado lograron restablecer el puesto de la bajada 14, que había quedado completamente destruido”, subrayó.
El agradecimiento hacia el equipo fue especial, ya que su rápida intervención permitió que el servicio no se viera interrumpido de manera prolongada, algo esencial en plena temporada estival.

Intentaron incendiar tres casetas
El ataque no fue un hecho aislado ni casual. Según relató Camejo, hubo una clara intención de incendiar tres casetas consecutivas: las bajadas 14, 12 y 11.
• En la bajada 14 el incendio fue total.
• En otra caseta, abrieron el botiquín, sacaron alcohol y rociaron una bandera para iniciar el fuego, aunque el intento no prosperó.
• Todas las casetas presentaban daños y signos de ingreso forzado, especialmente por el techo, ya que los nuevos candados —más seguros y reforzados— resistieron el intento de apertura.
“Fue romper por romper. Ni siquiera hablamos de robo: hablamos de destrucción deliberada”, lamentó.
La denuncia y la falta de vigilancia nocturna
Tras descubrir los daños, Camejo fue quien realizó la denuncia policial, pasada la hora 13, luego de cuantificar pérdidas materiales tanto institucionales como personales. Una vecina que vio movimientos extraños en la madrugada alertó a uno de los guardavidas, lo que permitió detectar la situación más temprano.
Sin embargo, el coordinador señaló una falencia que considera especialmente grave:
“La Prefectura se enteró cuando hicimos la denuncia. No hay patrullaje nocturno, ni siquiera esporádico, recorriendo las playas. Eso es una carencia enorme.”
Además, aunque existen algunas cámaras instaladas en zonas costeras, no hay un sistema de monitoreo específico que permita vigilar las casetas o detectar movimientos sospechosos durante la noche.
Infraestructura costosa y esencial
Camejo explicó que cada caseta representa una inversión significativa y que perder una no es solo un daño económico: afecta directamente la operativa de seguridad en la playa.
Las casetas incluyen:
• Estructuras de hierro de alta resistencia
• Enchapado y policarbonato
• Bisagras y herrajes reforzados
• Pisos de eucalipto de gran tamaño y espesor
• Sistemas de “patín” enterrados para soportar temporales y fuertes vientos
El coordinador estimó que solo el piso puede costar entre 2.000 y 3.000 dólares, a lo que se suma la mano de obra y el resto de los materiales, elevando considerablemente el valor total de cada torre.

Entre la necesidad de control y el cuidado del ecosistema
Consultado sobre posibles mejoras en la vigilancia, Camejo señaló que algunas playas registran episodios de vandalismo de forma recurrente, lo que vuelve aún más urgente estudiar medidas de protección. Sin embargo, también aclaró que ciertas soluciones, como la iluminación nocturna, deben evaluarse con cautela debido al impacto ambiental que puede generar sobre el ecosistema costero y la fauna que habita la playa durante la noche.
“Tenemos un parque costero que es un bien preciado para todo el departamento. Su vigilancia y conservación deben planificarse seriamente”, afirmó. El coordinador remarcó que el aumento constante de personas que visitan la playa exige más atención, más presencia y mejores herramientas preventivas.
Un cierre con llamado a la reflexión
Antes de despedirse, Camejo agradeció el espacio y envió saludos a la audiencia, deseando un feliz año. Su testimonio deja un mensaje claro: sin vigilancia adecuada, la infraestructura y la seguridad costera quedan expuestas, y cuidar el litoral es una responsabilidad colectiva.





