En el marco del inicio de la Semana Santa, dialogamos con el párroco de Pando, el padre Luis Eduardo, quien compartió reflexiones sobre el significado de estos días para la Iglesia Católica, las actividades locales y el contexto actual que atraviesa el mundo.
El sacerdote comenzó destacando que, a pesar de las lluvias registradas en las últimas horas, el inicio de la Semana Santa se vivió con normalidad dentro de lo posible. Si bien el mal tiempo impidió la tradicional procesión del Domingo de Ramos, la celebración se trasladó al interior del templo. “No se pudo hacer la procesión, pero todo lo demás se desarrolló bien. Hubo menos concurrencia, sobre todo de personas mayores, pero igualmente participó bastante gente”, explicó.
El Domingo de Ramos marca el comienzo de una de las semanas más importantes del calendario cristiano. Según detalló el párroco, esta jornada recuerda la entrada de Jesús en Jerusalén y simboliza, para los fieles, el ingreso espiritual a la Semana Santa. “Es como un compromiso de acompañar a Jesús en este camino, de ir detrás de Él durante estos días centrales de la fe”, señaló.
En cuanto al desarrollo de la semana, indicó que los primeros días —lunes, martes y miércoles— están destinados a la preparación espiritual, antes de dar paso al llamado Triduo Pascual, que incluye el Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo, culminando con el Domingo de Pascua. Durante estos días previos, se promueven instancias como las confesiones y la reflexión personal, en continuidad con el camino iniciado en la Cuaresma.
Uno de los momentos más característicos de la Semana Santa en Pando es la tradicional “Procesión del Encuentro”, una celebración con fuerte arraigo local. El padre Luis Eduardo explicó que esta actividad, que tiene representación incluso en un mural de la ciudad, se realiza en la noche del Sábado de Pascua, al finalizar la Vigilia.
La procesión consiste en la salida de dos imágenes por distintos puntos: una de Jesús resucitado y otra de la Virgen María vestida de luto. El momento central se da cuando ambas imágenes se encuentran, simbolizando el paso del dolor a la alegría. “Es un gesto muy sencillo pero muy profundo: a la Virgen se le cambia el vestido negro por uno blanco, representando la alegría de la resurrección”, explicó.
Más allá de lo litúrgico, el sacerdote también reflexionó sobre la actualidad mundial y estableció un paralelismo entre el sufrimiento de Cristo y las situaciones de dolor que atraviesan muchas personas hoy en día. “Cristo sigue muriendo en los inocentes, en quienes sufren las consecuencias de la guerra, del hambre, de la falta de medicamentos o del frío. El dolor de la gente es también el dolor de Cristo”, afirmó.
En ese sentido, subrayó que la Semana Santa no solo invita a recordar hechos históricos, sino también a tomar conciencia del presente y a renovar la esperanza. “Así como está el dolor, también está la esperanza en la resurrección, en la posibilidad de una vida mejor”, sostuvo.
El párroco también hizo una distinción sobre el sentido de “celebrar” dentro de la fe, señalando que no siempre implica festejar. “Se puede celebrar incluso en el dolor. Celebrar es hacer conciencia de que Dios está presente en todo momento, tanto en lo bueno como en lo difícil”, explicó.
Consultado sobre prácticas tradicionales como la abstinencia de carne en Viernes Santo, indicó que se trata de un gesto simbólico de renuncia, cuyo valor radica en el sacrificio personal y en la unión con una práctica compartida a nivel mundial. Sin embargo, aclaró que el verdadero sentido de la Semana Santa va más allá de ese tipo de acciones externas.
En ese marco, puso el foco en el sacramento de la reconciliación, comúnmente conocido como confesión, al que definió como un proceso más profundo que simplemente declarar errores. “Implica un examen de conciencia, arrepentimiento real, el deseo de cambiar y la reparación del daño causado. Si no hay arrepentimiento, pierde sentido”, explicó.
Finalmente, el padre Luis Eduardo invitó a la comunidad a vivir estos días con mayor recogimiento y compromiso espiritual, ya sea participando de las celebraciones o desde el ámbito personal. “Para que la semana sea santa, tenemos que hacerla santa cada uno con nuestro esfuerzo”, concluyó.
De esta manera, la comunidad de Pando se adentra en una nueva Semana Santa, entre tradiciones, reflexión y una mirada puesta en la realidad actual, con el desafío de transformar la fe en acciones concretas.





