Esta mañana, Pando amaneció con una ausencia que duele. El busto de José Pedro Varela, ubicado en la emblemática zona de “5 Esquinas”, fue robado de su pedestal, dejando no solo un espacio vacío en el paisaje urbano, sino también una profunda sensación de pérdida y desamparo entre los vecinos.
La obra, de gran valor histórico y artístico, fue realizada por el reconocido escultor Edmundo Prati y encargada por el Rotary Club de Pando a fines de la década del 60. Fue instalada en el cantero de la calle Correch, justo en la bifurcación hacia Luis Alberto de Herrera y 25 de Agosto, convirtiéndose con el paso del tiempo en un símbolo silencioso, pero presente, de la identidad local y del legado educativo del reformador de la escuela pública uruguaya.
Construido en bronce, el busto tenía también un valor material que, lamentablemente, parece haber sido el principal atractivo para los delincuentes. En algún momento de la madrugada, y sin que nadie viera ni escuchara nada, fue arrancado del pedestal que lo sostuvo durante décadas. El hecho vuelve a poner sobre la mesa la preocupación creciente por la inseguridad que atraviesa la ciudad y el sentimiento de impunidad que perciben muchos vecinos.
No es la primera vez que esta obra sufre daños. En 2017, una camioneta la atropelló, dejándola inestable. En aquella oportunidad, integrantes del Rotary Club resolvieron retirarla para remodelar el pedestal y luego volver a colocarla, demostrando el compromiso de la comunidad con la preservación de su patrimonio. Hoy, sin embargo, la situación es distinta: no se trata de un accidente, sino de un acto deliberado que priva a Pando de una pieza histórica irreemplazable.
La desaparición del busto de José Pedro Varela no es solo un hecho policial; es un golpe a la memoria colectiva, a la cultura y al respeto por los símbolos que construyen la identidad de una ciudad. Es, también, un llamado de atención sobre la necesidad de proteger el patrimonio y de recuperar la convivencia y el cuidado de los espacios públicos.
Una obra que engalanó durante décadas el casco urbano de Pando se fue en una noche, en silencio, reflejo de una realidad que preocupa y que exige respuestas. Hoy, la ciudad lamenta no solo el robo de una escultura, sino la pérdida de un símbolo que recordaba, día a día, el valor de la educación y de la historia compartida.





