En Costa Rica hay una frase muy temeraria para el pensamiento de nuestros gobernantes. Si bien han tenido otro Pepe Figueres, que realizó transformaciones como lo hizo José Batlle y Ordóñez en nuestro país, su afirmación se mantiene: “Un maestro más y un militar menos”.
Las características del gobierno centroamericano son, en muchos aspectos, semejantes a las de Uruguay, sobre todo respecto a las empresas públicas, por ejemplo. Sin embargo, la diferencia mayor es la inexistencia del Ejército y su decisión de ampararse en las Naciones Unidas.
La verdad es que, hoy por hoy, quizás sea medio ingenua la afirmación, pero, llevada a otro plano, es evidente que la podemos aplicar a la actual discusión de la Rendición de Cuentas, a sabiendas de que simplemente se trata de acomodar algunos números anualmente y de que el partido ya se jugó con el presupuesto quinquenal, donde se decidió continuar con la mayoría del reparto heredado.
En este balance actual, en el que la oposición se niega a votar bajo la lógica de que no se cumplió con lo prometido respecto a un aumento del producto del 2,4 %, que solamente llegó al 1,6 %, además de otros parámetros vinculados a la seguridad o la educación, se nos plantea el dilema de apostar prácticamente a la redistribución interna de fondos del propio presupuesto ya aprobado, sin un aumento importante de las asignaciones demandadas.
Me resulta increíble que el Gobierno argumente que hay un aumento importante del gasto e, incluso, que se afirme que se va a atacar en profundidad la pobreza infantil, cuando se votan 31 millones de dólares, una cifra casi despreciable para atender las demandas existentes. Hubiera sido más honesto decir que la situación venía difícil y recurrir a otras fuentes de financiación, como la redistribución interna.
De cualquier forma, los 46 millones de dólares en traspasos representan una vez y media lo otorgado como incremento. Sin embargo, resulta asombroso cómo se tocan partidas de elevada sensibilidad, como la perteneciente al Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, quitándole la posibilidad de presupuestar 18 cargos de científicos, con todo lo que significan dentro de una plantilla muy reducida para nuestro país. Se borran así con el codo los elogios realizados por parte del sistema político hasta hace poco tiempo.
Sin ir muy lejos, hoy leía acerca de la importancia del desarrollo de los bacteriófagos —virus específicos que combaten bacterias— para atacar algunas enfermedades frente a las cuales los antibióticos se ven desbordados. Realmente, que exista en nuestro país un banco de virus con estas propiedades no solo desmitifica su presencia en el organismo —demostrando que no todos los virus son perjudiciales—, sino que también le da relevancia a la actividad científica, tan poco considerada en el otorgamiento de recursos, con menos del 1 % del presupuesto nacional.
Espero que los aumentos del gasto alcancen para tener un impacto real sobre los aspectos más demandados por nuestra sociedad y que los representantes nacionales dejen de hacer teatro, de un lado y del otro. Me pareció tétrica la foto de la oposición diciendo que no, cuando, en realidad, luego tendrá que acompañar la mayor parte de los artículos. Igualmente cuestionable fue el spot realizado por representantes del MPP, en el que culpan a la oposición de que la infancia no sea atendida.
Para realizar los traspasos de recursos que se proponen no se precisan los votos de la oposición. Incluso, en la discusión en particular, las mayorías estarán aseguradas. También existen antecedentes en los que, siendo oposición, el Frente Amplio no votó en general la Rendición de Cuentas, lo que resultó en una valoración negativa por parte de la ciudadanía, que esperaba otro comportamiento.
¿Quién puede no votar la eliminación de impuestos para las cooperativas de vivienda, cuando las grandes empresas han sido beneficiadas con importantes sumas para construir apartamentos de interés social en las mejores zonas de Montevideo? Esto me hace recordar cuando se aprobó la construcción de edificios de tipo IV financiados por el Banco Hipotecario, elevando el tipo o la calidad constructiva para sectores más acomodados de la sociedad con subsidio público.
¿Acaso algún representante nacional va a oponerse a las prestaciones para los niños más necesitados o para los hogares de bajos recursos? Podrán poner reparos en el camino, pero al final lo votarán igualmente, incluso con argumentos cruzados: los liberales piden controles y los estatistas, ninguna contraprestación. Parece el mundo político trastocado.
Es tan lamentable la actitud de política barata de nuestros representantes que su desaparición parcial no sería nada descabellada. Incluso, en lugar de afectar la democracia, la fortalecería, porque sería un mensaje muy bien recibido por parte de la ciudadanía, que sabe cuánto ganan los senadores y cuánto gastan en viajes o viáticos.
La relación de costos salariales entre un senador y un científico es aproximadamente de tres a uno. Por lo tanto, al reducir esta cámara seguramente se podría asegurar la presupuestación de más de 50 científicos, que es la plantilla presupuestada actualmente en el Clemente Estable, logrando avances en el conocimiento científico sin afectar mayormente la representación de quienes deben legislar.
Quizás el planteo les resulte contradictorio, al enfrentar a dos corporaciones que tienen funciones específicas y han coexistido hasta ahora, pero tómenlo como un análisis disruptivo para demostrar que se puede vestir a un santo desvistiendo un poquito a otro. No se olviden de que el presupuesto del Palacio Legislativo está cercano al 10 % del total, lo que me resulta completamente exagerado, más aún en un año en el que igualmente tuvo déficit, por más que se diga que fue consecuencia del retiro de funcionarios.
Una Rendición de Cuentas muy restrictiva, casi una chicana presupuestal. Son chirolas los aumentos y, como dicen los españoles, solo construimos chabolas —viviendas precarias—. El efecto sobre la pobreza infantil seguramente tenga algunas chambonadas, pero, en el corto plazo, aliviará una realidad que nos golpea a todos, aunque no es changa.





