Cada amanecer en el casco urbano de Pando se repite la misma postal: bolsas rotas, restos de comida y todo tipo de residuos esparcidos por calles y veredas. El personal de barrido cumple diariamente con su tarea, pero al poco tiempo la basura vuelve a ocupar el espacio público, dejando la ciudad con un aspecto de descuido permanente.
En el reciente cabildo del barrio Centro, varios vecinos expresaron su preocupación por esta situación que, lejos de mejorar, parece profundizarse. Señalan que los contenedores no dan abasto, ya que no solo reciben los residuos de los hogares cercanos, sino también de personas que llegan de otras zonas a depositar allí su basura. A ello se suma el mal estado del equipamiento: casi ninguno conserva las tapas en condiciones y muchos presentan roturas que facilitan que el contenido termine en la vía pública.
Otro de los puntos planteados por los vecinos es la acción de hurgadores y animales que, al revisar los contenedores —los únicos del municipio ubicados en el circuito urbano—, terminan rompiendo las bolsas y dejando los residuos desparramados. El resultado es un círculo vicioso que ensucia la ciudad una y otra vez.

La preocupación no se limita a la imagen de Pando. También se habla de las consecuencias ambientales, de los riesgos sanitarios y de lo que significa para la convivencia comunitaria habituarse a vivir en un entorno sucio.
La reflexión que queda planteada es compartida: no alcanza con limpiar todos los días si no se acompaña de un sistema de recolección más eficiente, de contenedores en buen estado, de mayor control y, sobre todo, de un compromiso colectivo para cuidar el lugar donde vivimos. Porque la ciudad es de todos, y mantenerla limpia es una responsabilidad compartida.





