En Uruguay, el BPS otorga descuentos en lentes a trabajadores activos, pero no a jubilados ni pensionistas. Es un ejemplo claro de cómo las políticas públicas, cuando se diseñan sin lógica ni sensibilidad social, terminan beneficiando a quienes menos lo necesitan y excluyendo a quienes más necesitan lentes sin embargo sostuvieron el sistema durante toda su vida laboral.
Los activos, que actualmente están en edad laboral y, por lo tanto, con ingresos mayores y generalmente más estables, acceden a un beneficio concreto y tangible. Mientras tanto, los pasivos —quienes contribuyeron durante décadas al sistema previsional, con haberes inferiores a los activos y muchos con haberes que apenas alcanzan para cubrir lo básico— quedan excluidos de un beneficio que, paradójicamente, podrían necesitar incluso con mayor urgencia.
¿No debería ser al revés?, ¿El sentido común no indica lo contrario?
No se trata de oponerse a los beneficios para los trabajadores activos —que por supuesto deben ser protegidos y estimulados—, sino de señalar que el diseño actual genera una inequidad evidente.
La vejez debería ser una etapa de amparo, no de exclusión silenciosa. Una omisión que parece pequeña, pero que refleja una injusticia estructural: el olvido sistemático de quienes ya no están en edad de producir, pero siguen siendo ciudadanos con derechos.
Es hora de revisar estas decisiones. Porque mientras sigamos premiando solo a los activos, la promesa de un sistema solidario queda vacía.





