15 de agosto de 2026   12:06 pm
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Por Marcelo Nuñez

“La culpa no es del otro”

  • Opinión

La escena llamó la atención desde temprano. Jóvenes caminando hacia los centros educativos con bolsitas de nylon en la mano, algunos llevando apenas una cuadernola y una lapicera enganchada en el espiral, como se hacía décadas atrás. No era una consigna estudiantil ni una moda retro: era la consecuencia de una medida extraordinaria.
En instituciones como el Liceo Nº2 de Pando y la UTU de Pando se comunicó en las últimas horas que, de forma provisoria, los estudiantes deberán concurrir a clase sin mochilas. La decisión generó sorpresa, incomodidad y también enojo.
Incluso durante esta mañana se registró una protesta de estudiantes en uno de los centros educativos, mientras que algunos padres manifestaron su molestia. “Los tratan como delincuentes”, decía una madre en diálogo con El Megáfono. “Tienen miedo de que lleven una bomba los gurises”, agregaba otra, reflejando la indignación que despertó la medida.

Pero detrás de la discusión hay una realidad incómoda: estas decisiones no surgen por capricho. Se toman como respuesta a situaciones que nunca deberían haber ocurrido. En este caso, amenazas escritas en los propios centros de estudio, realizadas por unos pocos que, entre bromas de mal gusto, imitaciones o ganas de llamar la atención, cruzaron una línea peligrosa.
Y ahí aparece la reflexión necesaria: la culpa no es del otro.
No es de los directores que deben tomar medidas para garantizar la seguridad. No es de los docentes que buscan prevenir situaciones de riesgo. Tampoco es de los compañeros que hoy deben cargar sus útiles en una bolsa.
La responsabilidad es de quienes decidieron jugar con algo que no es un juego.

Lamentablemente, cuando algunos pocos cometen este tipo de acciones, las consecuencias terminan alcanzando a todos. Medidas como esta no dejan de ser correctivas y, aunque resulten incómodas, buscan evitar males mayores.
Ojalá que la lección quede clara. Que quienes hicieron esas amenazas comprendan que sus actos tienen impacto real en toda la comunidad educativa. Y que el sacrificio colectivo de estos días sirva para que situaciones así no vuelvan a repetirse.
Y también ojalá que, en los casos donde ya se ha logrado identificar a los responsables, los correctivos sean ejemplares. No por espíritu de castigo, sino para dejar en claro que hay límites que no se pueden cruzar.
Porque cuando la irresponsabilidad de unos pocos termina afectando a todos, la culpa —definitivamente— no es del otro.

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Dra. Natalia Stazione
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