15 de agosto de 2026   6:56 pm
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Por Marcelo Nuñez

Asesinan a efectivo policial: violencia que se hace hábito

  • Opinión

Otra vez la violencia desgarra al país. Otra vez, la muerte nos golpea en el rostro con una crudeza insoportable. Esta vez fue un policía. Un servidor público. Un ciudadano. Un hombre de 35 años, integrante de la Guardia Republicana, asesinado de un balazo en la cabeza para robarle la moto. Fue en la noche de este viernes, en la rambla de Punta Gorda, zona del Molino de Perez. No en una zona no catalogada como “roja”, si es que todavía sirve de algo ese rótulo de colores que pretende clasificar el miedo.

La escena parece sacada de una película de terror urbano: varios encapuchados, armados, en tres motos. Atacan, roban, matan y escapan dejando una moto abandonada, como si dejar algo atrás les restara brutalidad. El relato de un testigo hiela la sangre: empujan al policía, le disparan, lo matan. A otro joven le apuntan con un arma, le quitan el celular, la llave de su moto. Podría haber sido cualquiera. Esta vez le tocó a un hombre que se había preparado para cuidar a los demás.

La víctima fue trasladada al Hospital de Clínicas con una herida irreversible. Murió horas después. El comunicado del Sindicato Policial refleja lo que debería ser un grito colectivo: profundo dolor, indignación, repudio. Y una exigencia: justicia.
Pero lo cierto es que este no es un caso aislado. No es un rayo en cielo sereno. Es una nueva marca en una seguidilla que ya no se puede ocultar ni minimizar. Vivimos en una sociedad donde la violencia armada, el crimen organizado y la impunidad avanzan a una velocidad intolerable. Hoy, nuevamente, le tocó a un policía.

No alcanza con estadísticas ni con diagnósticos. No bastan los discursos ni las promesas. Necesitamos un Estado que enfrente al crimen con decisión, recursos y estrategia. Necesitamos una ciudadanía que acompañe, exija y no tolere la resignación. Necesitamos líderes políticos que no hagan del dolor una tribuna, sino una razón para actuar.

Este crimen duele por muchas razones. Pero sobre todo porque desnuda una verdad incómoda: nadie está a salvo. Si matan a un policía a plena vista, en una zona residencial, a la hora en que las familias salen a caminar, entonces ¿qué nos queda a los demás?
Uruguay no puede perder su alma en la indiferencia. No podemos permitirnos que la violencia se vuelva paisaje.

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Dra. Natalia Stazione
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