El diputado del Partido Nacional, Álvaro Dastugue, presentó un proyecto de ley con el objetivo de combatir el avance de la ludopatía en Uruguay, un fenómeno que, según él, crece silenciosamente y con consecuencias devastadoras. En la mañana de El Megáfono, el legislador aseguró que se trata de “una pandemia oculta”, directamente relacionada con problemas graves de salud mental como la depresión y el suicidio.
Aunque actualmente no existen mediciones oficiales en Uruguay, Dastugue advierte que distintas clínicas especializadas y profesionales en salud mental coinciden en que la adicción al juego muestra un crecimiento exponencial en los últimos años. “Es una adicción muy dolorosa y muy silenciosa. Hemos mirado para el costado durante demasiado tiempo. El juego de azar ha sido banalizado y aceptado culturalmente, pero detrás hay tragedias familiares y personales enormes”, afirmó.
Un enfoque en tres niveles: oferta, demanda y asistencia
El proyecto de ley que impulsa Dastugue se estructura en torno a tres ejes fundamentales: reducir la oferta de juegos de azar, disminuir la demanda, y fortalecer la asistencia a personas que padecen esta adicción.
En cuanto a la oferta, el legislador propone establecer límites más estrictos en el funcionamiento de los casinos físicos. Por ejemplo: Establecer horarios reducidos para casinos (apertura a las 10:00 y cierre obligatorio a las 00:00 horas). Eliminar la posibilidad de utilizar tarjetas electrónicas o cajeros dentro de las salas de juego. Obligar la instalación de relojes visibles, así como garantizar iluminación y ventilación natural en todos los espacios.
“Todo está pensado para que las personas pierdan la noción del tiempo y queden atrapadas. Desde la música hasta la disposición de las luces, todo está diseñado para fomentar la adicción”, explicó Dastugue. También se plantea que se realicen controles más estrictos a la ambientación de estos espacios, para evitar que el entorno favorezca el comportamiento compulsivo.
Una cultura que estimula el juego
Otro de los puntos que preocupa especialmente al legislador es el impacto de la publicidad y el estímulo constante al juego en eventos deportivos, particularmente entre jóvenes. En ese sentido, recordó su experiencia en partidos recientes de la selección uruguaya: “Uno va a disfrutar un espectáculo familiar y se encuentra bombardeado por apuestas: quién mete el primer gol, quién gana, cuánto termina el partido. Supermatch, casinos del Estado, todo el tiempo incitando al juego. Eso afecta, y mucho, sobre todo a los más jóvenes”, sostuvo.
Por ello, el proyecto también plantea campañas de concientización masiva, orientadas especialmente al público joven, que es uno de los grupos más vulnerables frente a este tipo de adicciones. “Tenemos que contrarrestar el mensaje de que apostar es normal o divertido. No lo es. Puede arruinar vidas”, sentenció.
Más acceso a ayuda y prevención
La tercera línea de acción del proyecto busca facilitar el acceso de las personas a servicios de ayuda, orientación y tratamiento. Para eso, se propone: Difundir líneas telefónicas de atención y apoyo. Incorporar códigos QR en salas de juego para acceder directamente a recursos de ayuda. Asegurar cartelería visible y clara en todos los establecimientos de juego, tanto públicos como privados.
Según Dastugue, este enfoque integral permitirá dar una primera respuesta eficaz al problema, aunque admite que hay desafíos aún más grandes por delante, sobre todo en relación al juego online.
“Hoy cualquier persona puede apostar desde la cama, con el celular, a través de plataformas internacionales que no están reguladas. Eso es lo más preocupante, pero hoy no tenemos herramientas suficientes para frenarlo. Este proyecto apunta a empezar por lo que sí podemos controlar”, señaló.
Dastugue también recordó el testimonio de varios ex ludópatas y hasta ex gerentes de casinos que visitaron la Comisión de Adicciones del Parlamento, quienes confirmaron que el entorno físico de los casinos está deliberadamente preparado para retener a los jugadores y fomentar el gasto compulsivo. “Nos dijeron, sin vueltas, que todo está diseñado para que el jugador no salga. Y muchos terminan perdiendo todo: su salario, su casa, incluso herencias. Nadie en su sano juicio hace eso. Es una enfermedad emocional, del alma, que necesita una respuesta seria del Estado”, concluyó.





