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Por Nicolas Simone

Bienvenida a Todos por Pando

  • Opinión

De Pando se trata este encuentro. Del Pando legendario dos veces centenario. Del Pando sobre el cual no coincidimos puntualmente en las razones y motivos de su fundación. Tampoco coincidimos en las apreciaciones de los hechos transcurridos.
Todos los pueblos nacen como asentamientos de un grupo de familias. De la orden de Bruno Mauricio de Zabala, al trabajo de Pedro Millán, Pando nace como cementerio de estancia de los Meneses – Gaytán y una capillita de paja. De su ubicación como paraje, pago o partido a la vera del arroyo de las Carretas como lo conocían los portugueses, Arroyo Pando después, sería muy extenso compendiar los acontecimientos ocurridos sobre estas tierras salidas del Dominio Real en 1730. Mucho después vendrá la propuesta de un trazado elemental, su fundación el 30 de Marzo de 1788 y la primera adjudicación a don Francisco Quintana.

No nací en Pando, aunque lo defiendo con uñas y dientes. Me considero pandense de cuerpo y alma. En el año 1940, huérfano de padre, mi madre nos trajo a su lugar de nacimiento, amparando su precariedad económica en el cariño de sus padres, mis abuelos maternos de la vieja calle La Paz (hoy José Pedro Varela esq. Independencia) y su hermano, mi tío Ángel, que después adopté como mis verdaderos padres.
Fueron tiempos de pantalones cortos y alpargatas, de la bolita, del aro, la escondida y la mancha, como únicos entretenimientos, mucho antes del Nintendo y los Play Stations de hoy. Con un “puma” traíamos leche y pan. El dólar estaba a $ 2.40, aunque el “Pedro Martin” ponía sus problemas a la par.
Las tres calles principales eran adoquinadas con la calle Real (hoy Gral Artigas) como eje comercial, entrada y salida de los escasos servicios de pasajeros de la fundada Cooperativa Ómnibus Pando de 1930. Las vías de tránsito laterales eran de tosca y piedras sueltas que – a falta de pelota – pateábamos a la ida y retorno del colegio.

El servicio eléctrico de Pando se cubría con un generador a fulloil en la Usina, hoy oficinas y dependencias de UTE. En 1930 se tendió la Línea Centenario que trajo energía eléctrica desde Montevideo, pero el concepto del farolero, en 1940, no lo habíamos perdido. El control de la iluminación pública no estaba centralizado, motivo por el cual Pedrito Rodríguez, picana al hombro, recorría la ciudad y en cada esquina hacía girar la estrella del interruptor y fusible. El doble recorrido consistía en el encendido cuando el sol bajaba del horizonte y apagado cuando amanecía.
En 1940, 0SE insistía para que todas las familias conectaran al servicio de agua potable, obligando al cierre de pozos y aljibes. Pero quedaba un testigo histórico del abastecimiento de agua: el aljibe de los pobres. El muro sobre parte de la calle Sarandí (hoy Champagnat), en el sector de Secundaria Marista, se quebraba en un semicírculo que desde la vereda daba lugar al brocal del pozo que abastecía de agua.
Frente, en las manzanas desde la calle Real hasta La Paz, se extendió el segundo cementerio de la ciudad que llegaba incluso hasta la vereda de la hoy Plaza de Deportes y que era abastecido por el aljibe de los pobres.

Costumbres arraigadas en los inmigrantes españoles se manifestaron en la Tradicional Procesión del Encuentro, único lugar de Uruguay donde se sigue desarrollando. Si bien los textos evangélicos no lo dicen explícitamente, siempre se entendió como lógico el encuentro del Jesús resucitado con su Madre. Una columna mayoritaria partía del templo con la imagen del Cristo resucitado y cuatro viejitas vestidas de negro portaban la imagen de la Dolorosa en sentido contrario a la primera, hasta que se producía el encuentro frente a la casa de las Srtas. de Furriol (hoy Edificio Artigas), que daba oportunidad a una homilía explicativa del momento.
Otro recuerdo se ubica en la festividad de San Isidro Labrador, oportunidad en que se concentraba en PANDO, el mundo de los trabajadores de la tierra. A los pies de la imagen sobresalían frutas y verduras, en especial unos racimos de uva de tamaño gigantesco que Mercedes Furriol conservaba por meses de manera misteriosa y que eran motivo de la codicia infantil.

El reducido tránsito vehicular llamaba la atención del vecindario, solo acostumbrado a los repartidores de leche, pan y verduras con sus carros de dos ruedas y alazán al frente, de rienda floja, que detenían la marcha en cada casa, sabedores éstos de la clientela más que los propios repartidores.
Las noches eran oscuras. El farolito de las esquinas con su proyección de parábola invertida enlosada, apenas formaba un pequeño círculo amarillento pobremente iluminado, al cual nos amparábamos para jugar la última partida antes que el llamado materno nos avisara penitencia por la tardía respuesta.
La radio era el único refugio de las noticias del día, la campanilla y “A toda hora, rápido como la luz” era el llamado de atención de El Espectador. Después vendría algún episodio de radioteatro y solo los sábados a la noche una pieza teatral completa. El fútbol de sábados y domingos.

En aquél receptor Edison escuchamos los avances de la 2da.Guerra Mundial en la voz de Mario G.Bordoni de radio Ariel, el Dr. César L. Gallardo y las carreras automovilistas en La Voz del Aire, la participación de Héctor Supicci Sedes en la Doble Caracas y su temprana muerte en el accidentado retorno o la Vuelta Ciclista de Radio Sport. En 1950, en silencio y apretados a la radio, vivimos el campeonato de Maracaná, la emoción y las lágrimas de aquél 16 de Julio.
Los recuerdos son desordenados y llegan en tropel.
Unos meses antes, veíamos llegar a la Carnicería de Antonio Martínez una delegación de jugadores de Peñarol, bajo la capitanía de Máspoli. Mientras éste hacía las compras de asado para la concentración en el campo de Fígoli (Km.28.5), los restantes integrantes robaban una naranja de los cajones de Pepe Corts en la esquina de 25 de Mayo e Independencia, y peloteaban contra el portón del hoy Super Paraíso entre piedras sueltas. Esos mismos integrarían la delantera del Uruguay Campeón del Mundo. Cuánto valdrían hoy?
Pando fue el único lugar del interior en que coincidieron las concentraciones de Nacional y Peñarol, uno en Los Horneros y Nacional en Los Plátanos de la familia Molinari. Los dos grupos de Jugadores, mate en mano, se cruzaban paseando por la Plaza Constitución.
En tanto que presenciábamos los sangrientos encuentros de Atlanta, 5 Esquinas y Wanderers, los cuadrangulares de basquetbol o los encuentros boxísticos de Tobalina y el Negro Anglo en improvisados cuadriláteros, nuestra escasa edad y nuestra condición económica, nos impedía concurrir a los encuentros sociales con bailes de gala de los 18 de Julio y 25 de Agosto del Solís y Urupán respectivamente.
Pero nuestra ansiedad nos llevaba a escaparnos y presenciar aquellos largos y coloridos vestidos femeninos y los empaquetados varones de blancas camisas rematadas en corbatín.

Tampoco nos limitaban las llegadas y partidas de las orquestas internacionales. Quizás recordaríamos la de Juan D´Arienzo y en especial la de Pichuco, que frente al Urupan debían bajarlo y subirlo entre dos o más personas, dado su avanzado estado etílico.
Dn.Fco.Canaro escuchó al Canario Pernas y le dio dinero para arreglar su dentadura, que esa misma noche lo convirtió en caña y grappa.
Los pueblos del interior del país viven alrededor del abolengo de familias fundadoras que con el paso del tiempo, mandan y deciden vidas y acontecimientos. Pando, en cambio y a pesar de familias arraigadas, no tuvo vida social organizada ni dirigida en sentido alguno.
Cuando llegué a Pando, todavía se mantenía vigente la vieja costumbre de sábados y domingos paseados por la calle Real, desde la Plaza (que aún no tenía influencia comercial) hasta la Plazoleta Rodó, para ver el pasaje de los trenes de Minas y Maldonado. Damas y caballeros caminaban en sentidos opuestos para facilitar el piropo.

Las serenatas del Canario Pernas – que guitarra al hombro – acompañaba a algún tímido enamorado, con resultados dispares entre la aceptación del ramo de flores que en punta de pie sobre el balcón, alcanzaba a su amor, hasta un baldazo de agua de la suegra que tomaba desprevenida a la comparsa de acompañantes.
Me parece ver el brasero y la caldera de lata humeante, que el Escribano Isidoro Furriol tenía frente a su estudio de calle Sauce, así denominada por él mismo (hoy Zorrilla de San Martín) esq. Calle Real.
Atendía con suma atención bajo su eterno poncho y entre tema y tema salía a la vereda y rellenaba su mate, para compartir con el cliente su amarga infusión.

El Doctor Beraza paseaba por la plaza las horas de siesta, volvía al banco donde se aplicaba a estudiar – libro en mano -, salvo que alguno de sus hijos insistiera en acompañarlo, que con el calor del sol, terminaba dormido entre sus piernas como atril del texto.
Recuerdos de familia decían que nuestra calle José Pedro Varela, después de La Paz se denominó 29 de Diciembre, en homenaje al movimiento ciudadano que se oponía al hormigonado de la ciudad antes de la instalación del saneamiento, para el cual terminaría por destrozarse la cuantiosa inversión. Y pensar que el hormigonado sería el primero del Dpto.de Canelones, pero fue desestimado bajo la dirección y llamado del Padre Facelli, aquél sacerdote que en plena misa, dudando de la perfección del trazado de su cruz, soplaba y volvía a rehacerla.-
En 1941 fui uno de los 42 alumnos fundadores del nuevo Colegio San Luis, tercer intento de mantener un colegio parroquial, después de dos fallidas instancias. Desde allí mirábamos absortos los trabajos por los cuales, a instancias del Padre Cabrera, la torre se elevaba pasando a tener su segunda fila de ventanas, al tiempo que se remodelaba totalmente el frente. La misma empresa asumió el nuevo edificio del Cine Astro, inaugurado en 1947, con la presencia del presidente de la República Don Tomás BERRETA, que días después falleciera dejando paso a don Luis Batlle Berres.

En ese mismo 1941, en zapatillas y prendidos de las rejas de la Fonda de don Esteban Barnech fuimos testigos privilegiados de la fundación del Rotary Club de Pando.
Los entretenimientos se buscaban en el Cine Astro con la dirección de Héctor Zunino, Adhemar – su hermano – trasladaba desde la Estación de AFE los pesados bolsones con rollos de películas para la noche, y el sapiente Mazzei comandaba los proyectores y empalmaba cintas de frágil celuloide que el calor resquebrajaba.
Otra atracción era el Cine Artigas, en la misma acera del Liceo, pero con asientos duros de madera, al cual se debía asistir munido de suficiente pulguicida y paraguas. La Sociedad Italiana – frente a la Plaza – presentaba en su escenario grupos musicales o teatro, indistintamente.

Los fines de semana, abuelos y nietos llenaban la Plaza de Deportes.
Pando se extendía desde la carretera (el Camino Maldonado en su tránsito por el Sur de la ciudad, hoy Roosevelt) y la Vía Férrea. Los predios al Norte y al Sur no merecían valoración importante. Muchos después, cuando Juancito Acosta y Juan Antonio González se establecieron allí, Pando descubrió la importancia de aquella vía de tránsito y extendió sus alas agrandando el damero urbano.
Ya desde 1939 comenzaban a moverse intenciones industriales en la zona dando ocupación a una juventud, que como toda la del interior perdía arraigo y apuntaba a la capital montevideana. Industriales importantes y de inusitado empuje hubo varios, por ejemplo Vega Helguera, pero me permitiría señalar la figura ejemplar de don Juan Pianalto, que levantó las paredes de su fábrica con la colaboración de sus obreros, a los cuales defendió hasta el mismo día de su muerte. En salones del Centro Comercial, concurríamos citados por la Junta de Vecinos de Canelones, cuya propuesta lamentable era que las empresas inviables debían cerrar. Don Juan, pequeño físicamente, se levantó nervioso, defendió acaloradamente a las empresas, en particular a la suya y a sus colaboradores, a los que debía su vida industrial. Allí, imprevistamente sufre un ataque cardíaco que terminó con su vida de lucha y sacrificio ante nuestra desesperada presencia.
En una reunión de la Comisión de Colaboración con la Junta Local Autónoma de Pando, Juan Antonio González trajo el ejemplo de ciudades brasileñas que se distinguían por sus actividades más significativas. Propuso denominar a la ciudad como “PANDO CIUDAD INDUSTRIAL” que debió sortear infinidad de gestiones y oposiciones, hasta su definitiva aprobación.

En ese orden municipal, deberían señalarse comisiones como la Fiesta de la Primavera o Primaveral de Pando, Comité Patriótico, Comisión de Homenaje a los Fundadores con Monolito en la Plaza, Comité de Homenaje a los 150 años y después lo fue del Bicentenario.
Alrededor de 1942/43 Uruguay rompió relaciones con el Eje y comenzaron ejercicios de defensa con el oscurecimiento total después de las 21 hs. Y los elementales aviones de la EMA cargados con bolsitas de cal en polvo “bombardeaban” puntos estratégicos previamente estudiados. A la mañana, el jefe de manzana, que había controlado que ni una vela rompiera disposiciones en la noche, debía encargarse de verificar si las manchas de cal habían hecho el acierto requerido.
En 1944 después de ingentes gestiones ciudadanas, se abre el primer Liceo bajo la dirección del Prof.Wilfredo Pi y Don Alfredo Rendo como Secretario. Para contar las anécdotas que acumularon esos años no alcanzarían varias noches. Sus puertas debían abrirse antes de las 7 de la mañana para albergar alumnos de Tala, San Jacinto, Migues, Montes, Soca y Atlántida cuyos ómnibus llegaban temprano.
Los años “50 y 60” fueron de un fuerte empuje bancario. Pando contó con 8 sucursales bancarias y la transformación de la Caja Popular del año 1907 en Banco de Pando.- La Suc. del Hipotecario en Pando fue un triunfo sobre el centralismo montevideano.

Cuando algún foráneo preguntaba por la obra más importante de Pando, se respondía: el Tanque de OSE, la Iglesia Parroquial, el Edificio Artigas que asomaba sus ocho pisos, los locales sociales, pero no se nombraba el pavimento hormigonado de las calles, cuyo costo en la actualidad sería imposible financiar. El presupuesto incluía la doble vía al Parque y un Puente sobre la vía Férrea para evitar los peligros de los múltiples pasos, todo lo cual nunca llegó a realizarse a pesar que la ciudadanía pagó su costo.
Pando contó con distintas instancias en que su ciudadanía reclamó un reconocimiento a su identidad: “COPACI”, “Liga de Defensa de Pando”, “Todo por Pando”, etc.-

Otras gestiones con la reunión puntual de las Instituciones de Servicio (Rotary y Leones), Clubes Sociales (Urupan y Solís), Centro Comercial e Industrial, Centro Protección de Choferes, Liga Regional de Fútbol, para gestiones de actualización de teléfonos, de servicios de OSE, ampliación del alumbrado público y su extensión a los barrios. Cuando los empleados de la vieja UTE en Piovene y 18 de Julio (Antel aún no existía), estaban desbaratando las maderas que envolvían la hermosa central telefónica automática Siemmens, en un Mercedes blanco piloteado por Eduardo Víctor Haedo, bajó y pidió imperativo que cerraran todo y trasladaran el camión y su preciosa carga a Punta del Este. Fue así que el principal balneario actualizó servicios con las gestiones hechas por las instituciones de Pando.- Un nuevo triunfo del centralismo montevideano.

Faltaría recordar la fundación de la Casa de la Cultura como movimiento ciudadano, después asumido por la Municipalidad, como asimismo el Hogar de la Tercera Edad en el Parque de Pando.
Un 8 de Octubre vivimos el momento más angustioso y sangriento con la “Toma de Pando” (Comisaría, central telefónica y Bancos) con lo que pasamos a los titulares de los diarios.

Algunos de los personajes de Pando fueron: Alicia Escuder y su piano; Brusadin y Febo Aycardo con sus pinceladas; Doña Aurelia Casas su literatura poética; Don Nicasio García Berisso y su seudónimo, Sandalio Santos, tomado del balsero del Arroyo Pando, con el que escribió poemas que son el vivo retrato del viejo Pando; Sabino Defunchio un costumbrista en octosílabos que desnudó la familias de su tiempo; y en otro orden: “Realito” que caminaba incansable todas las calles; Alberto Pinales que en su ejercicio de maratonista por el Camino Maldonado competía a la par con los ómnibus de pasajeros; el Loco Vignoli y la Gata Prais que se inmortalizaron en las filmaciones de Walter Nogueira.

En realidad el Edificio Artigas no fue el primer intento de edificación en altura. El primer proyecto correspondió a don Leopoldo Amarelle, que proponía ocho pisos frente a la Plaza Constitución, pero la oposición de la Escuela Militar de Aeronáutica lo impidió, porque la estructura se interponía en las primitivas comunicaciones en la línea de la pista de aterrizaje. Y Amarelle se tuvo que conformar con un primer piso de lo que hoy es la casa Familiar.
No pueden quedar fuera los empresarios comerciales, las farmacias y sociedades mutuales, así como los médicos que podemos condensar en la figura del Dr. Correch que en la vieja Sala de Primeros Auxilios llegó a operar de urgencia.
Pando tuvo ideas y necesidades insatisfechas.- Este movimiento de hoy, de esta Fundación, se eleva a otra consideración y pidiendo disculpas por esta deshilvanada recordación, le estamos deseando toda suerte de éxitos y una proyección larga y duradera porque Pando se lo merece, así como toda su ciudadanía.-

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Dra. Natalia Stazione
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